Yo tengo dos recetas para la nostalgia, dependiendo de la época del año. En verano, la receta tiene forma de billete de avion. Suelo pasar ocho semanas al año en Pamplona, inmersa en sus olores y sabores, tocando las piedras viejas, visitando las nuevas, disfrutando cada día como un regalo, como si fuera la única oportunidad que tengo. Al igual que yo, Pamplona va cambiando en el fondo y en la forma. Crece,
PUNTO DE VISTA - Un espacio para compartir opiniones.
sábado, 10 de abril de 2010
domingo, 28 de marzo de 2010
Ser niño
Por lo que yo veo, la diferencia entre los niños de un país y de otro es la misma que entre los adultos. Cuando los adultos son educados, los niños lo son. Cuando los adultos abusan de la comida basura y la televisión, por poner un ejemplo, lo mismo ocurre con sus cachorros.
Puestos a hacer comparaciones, encuentro más diferencias entre los niños de hace 35 años y los de hoy. Hace años uno salía de casa al punto de la mañana, se pasaba el día trasteando en la calle y volvía para comer, merendar y cenar. Se hacían carreras de bicis, no se llevaba casco, no se ponían cinturones en el coche, y a las rodillas averiadas se les ponía mercromina.
Hoy en día, por lo menos en Estados Unidos y en Inglaterra, los niños van a jugar con cita previa, como si fueran al médico. A no ser que uno viva en una zona residencial pequeña y semi privada, con parque, donde todos se conocen, las madres somos las que organizamos la vida social de los pequeños, así que cada día juegan en una casa. Otra opción es que salgamos a la calle con ellos y nos sentemos en un banco para estar seguras de que nadie se los lleva o de que no tengan más accidentes de los normales. Ni se nos ocurre dejarlos solos sin saber donde están, por miedo a pederastas, secuestradores, bullies, camellos, exhibicionistas, o conductores borrachos. Luego nos quejamos de que se enganchan a los videojuegos, y para evitarlo, les organizamos días maratonianos con actividades extraescolares. Los críos no se si disfrutan tanto de su infancia, pero nosotras estamos tranquilas.
Puestos a hacer comparaciones, encuentro más diferencias entre los niños de hace 35 años y los de hoy. Hace años uno salía de casa al punto de la mañana, se pasaba el día trasteando en la calle y volvía para comer, merendar y cenar. Se hacían carreras de bicis, no se llevaba casco, no se ponían cinturones en el coche, y a las rodillas averiadas se les ponía mercromina.
Hoy en día, por lo menos en Estados Unidos y en Inglaterra, los niños van a jugar con cita previa, como si fueran al médico. A no ser que uno viva en una zona residencial pequeña y semi privada, con parque, donde todos se conocen, las madres somos las que organizamos la vida social de los pequeños, así que cada día juegan en una casa. Otra opción es que salgamos a la calle con ellos y nos sentemos en un banco para estar seguras de que nadie se los lleva o de que no tengan más accidentes de los normales. Ni se nos ocurre dejarlos solos sin saber donde están, por miedo a pederastas, secuestradores, bullies, camellos, exhibicionistas, o conductores borrachos. Luego nos quejamos de que se enganchan a los videojuegos, y para evitarlo, les organizamos días maratonianos con actividades extraescolares. Los críos no se si disfrutan tanto de su infancia, pero nosotras estamos tranquilas.
sábado, 27 de marzo de 2010
Los más ricos.
Escrito por CATÓN
Me propongo demandar a la revista "Fortune", pues me hizo víctima de
una omisión inexplicable.
Resulta que publicó la lista de los hombres más ricos del planeta, y
en esta lista no aparezco yo. Aparecen, sí, el sultán de Brunei,
aparecen también los herederos de Sam Walton y Takichiro Mori. Figuran
ahí también personalidades como la Reina Isabel de Inglaterra, Stavros
Niarkos y los mexicanos Carlos Slim y Emilio Azcárraga.
Sin embargo a mí no me menciona la revista. Y yo soy un hombre rico,
inmensamente rico. Y si no, vean ustedes:
Tengo vida, que recibí no sé por qué, y salud, que conservo no sé cómo.
Tengo una familia: esposa adorable que al entregarme su vida me dio lo
mejor de la mía; hijos
maravillosos de quienes no he recibido sino felicidad; nietos con los
cuales ejerzo una nueva y
gozosa paternidad.
Tengo hermanos que son como mis amigos, y amigos que son como mis hermanos.
Tengo gente que me ama con sinceridad a pesar de mis defectos, y a la
que yo amo con sinceridad a pesar de mis defectos.
Tengo cuatro lectores a los que cada día les doy gracias porque leen
bien lo que yo escribo mal.
Tengo una casa, y en ella muchos libros (mi esposa diría que tengo
muchos libros, y entre ellos una casa).
Poseo un pedacito del mundo en la forma de un huerto que cada año me
da manzanas que habrían acortado aún más la presencia de Adán y Eva en
el Paraíso.
Tengo un perro que no se va a dormir hasta que llego, y que me recibe
como si fuera yo el dueño de los cielos y la tierra.
Tengo ojos que ven y oídos que oyen; pies que caminan y manos que
acarician; cerebro que piensa cosas que a otros se les habían ocurrido
ya, pero que a mí no se me habían ocurrido nunca.
Soy dueño de la común herencia de los hombres: alegrías para
disfrutarlas y penas para hermanarme a los que sufren.
Y tengo fe en un Dios bueno que guarda para mí infinito amor.
¿Puede haber mayores riquezas que las mías? ¿Por qué, entonces, no me
puso la revista "Fortune" en la lista de los hombres más ricos del
planeta?"
Y tú, ¿cómo te consideras? ¿rico o pobre?
Me propongo demandar a la revista "Fortune", pues me hizo víctima de
una omisión inexplicable.
Resulta que publicó la lista de los hombres más ricos del planeta, y
en esta lista no aparezco yo. Aparecen, sí, el sultán de Brunei,
aparecen también los herederos de Sam Walton y Takichiro Mori. Figuran
ahí también personalidades como la Reina Isabel de Inglaterra, Stavros
Niarkos y los mexicanos Carlos Slim y Emilio Azcárraga.
Sin embargo a mí no me menciona la revista. Y yo soy un hombre rico,
inmensamente rico. Y si no, vean ustedes:
Tengo vida, que recibí no sé por qué, y salud, que conservo no sé cómo.
Tengo una familia: esposa adorable que al entregarme su vida me dio lo
mejor de la mía; hijos
maravillosos de quienes no he recibido sino felicidad; nietos con los
cuales ejerzo una nueva y
gozosa paternidad.
Tengo hermanos que son como mis amigos, y amigos que son como mis hermanos.
Tengo gente que me ama con sinceridad a pesar de mis defectos, y a la
que yo amo con sinceridad a pesar de mis defectos.
Tengo cuatro lectores a los que cada día les doy gracias porque leen
bien lo que yo escribo mal.
Tengo una casa, y en ella muchos libros (mi esposa diría que tengo
muchos libros, y entre ellos una casa).
Poseo un pedacito del mundo en la forma de un huerto que cada año me
da manzanas que habrían acortado aún más la presencia de Adán y Eva en
el Paraíso.
Tengo un perro que no se va a dormir hasta que llego, y que me recibe
como si fuera yo el dueño de los cielos y la tierra.
Tengo ojos que ven y oídos que oyen; pies que caminan y manos que
acarician; cerebro que piensa cosas que a otros se les habían ocurrido
ya, pero que a mí no se me habían ocurrido nunca.
Soy dueño de la común herencia de los hombres: alegrías para
disfrutarlas y penas para hermanarme a los que sufren.
Y tengo fe en un Dios bueno que guarda para mí infinito amor.
¿Puede haber mayores riquezas que las mías? ¿Por qué, entonces, no me
puso la revista "Fortune" en la lista de los hombres más ricos del
planeta?"
Y tú, ¿cómo te consideras? ¿rico o pobre?
lunes, 22 de marzo de 2010
Así nos ven, y así me siento.
Aquí, en Estados Unidos, hace tiempo que perdí la costumbre de decir "soy española" y en su lugar, digo que "soy de España". Os parecerá una tontería, pero este detalle me supone unos minutos menos de explicaciones. Cuando contesto que soy española, la respuesta, casi siempre, es "¿de qué país?" "española de México, Argentina...?" La primera vez que lo escuché, puse cara de póker a medio camino entre pensar si mi inglés no daba para mucho, o eran sus conocimientos de geografía los que no pasaban el examen. Cuando esto se repitió varias veces, me di cuenta de que simplemente ellos mezclan el ser español con el hablar español, así que ahora les digo que soy de España. Si siguen preguntando de qué parte, les hablo de Pamplona. Menciono Hemingway y los encierros, y a una gran mayoría les suena.
En Florida, me encuentro con que, a menudo, mis interlocutores son de países latinoamericanos. La mayoría tienen una reacción muy positiva hacia los españoles, y he oído en muchas ocasiones lo de la "madre patria". Respecto a los americanos, entre los jóvenes lo primero que sale a relucir es Ronaldo, seguido del Real Madrid, y alguna que otra vez, el Barca. Los mayores, si nos han visitado, hablan de la comida, y si no, mencionan Barcelona.
Por lo que yo veo, la idea estereotipada que relaciona España con sol, flamenco y paella es mucho más general en Inglaterra que en los EU. Por un lado es lógico, puesto que los ingleses vienen en busca del sol que tanto les gusta y tanto echan en falta, y visitan sobre todo las zonas turísticas donde estos estereotipos siguen siendo visibles. Los americanos, sin embargo, cuando nos visitan tienen intereses más diversos, y a menudo lo hacen como parte de un viaje a varios países europeos.
En cuanto a mí, el vivir lejos me hace identificarme más con el país, e incluso con Europa. Por ejemplo, me intereso por deportes y deportistas españoles que antes no me interesaban. Cuando estoy en cualquier provincia española que no sea la mia, me siento, por contraste, solo navarra. En Inglaterra me siento española, y en los Estados Unidos me identifico con ciudadanos de países que nunca me han parecido tan cercanos a nosotros, solo por el hecho de que están cultural, física y socialmente más próximos a mis raíces. Me hace ilusión encontrar a franceses, alemanes o italianos. Seguro que si hiciéramos viajes espaciales y estuviera en otro planeta, me encantaría encontrarme a un terrícola, fuera de donde fuera. Cuestión de perspectiva, como todo.
En Florida, me encuentro con que, a menudo, mis interlocutores son de países latinoamericanos. La mayoría tienen una reacción muy positiva hacia los españoles, y he oído en muchas ocasiones lo de la "madre patria". Respecto a los americanos, entre los jóvenes lo primero que sale a relucir es Ronaldo, seguido del Real Madrid, y alguna que otra vez, el Barca. Los mayores, si nos han visitado, hablan de la comida, y si no, mencionan Barcelona.
Por lo que yo veo, la idea estereotipada que relaciona España con sol, flamenco y paella es mucho más general en Inglaterra que en los EU. Por un lado es lógico, puesto que los ingleses vienen en busca del sol que tanto les gusta y tanto echan en falta, y visitan sobre todo las zonas turísticas donde estos estereotipos siguen siendo visibles. Los americanos, sin embargo, cuando nos visitan tienen intereses más diversos, y a menudo lo hacen como parte de un viaje a varios países europeos.
En cuanto a mí, el vivir lejos me hace identificarme más con el país, e incluso con Europa. Por ejemplo, me intereso por deportes y deportistas españoles que antes no me interesaban. Cuando estoy en cualquier provincia española que no sea la mia, me siento, por contraste, solo navarra. En Inglaterra me siento española, y en los Estados Unidos me identifico con ciudadanos de países que nunca me han parecido tan cercanos a nosotros, solo por el hecho de que están cultural, física y socialmente más próximos a mis raíces. Me hace ilusión encontrar a franceses, alemanes o italianos. Seguro que si hiciéramos viajes espaciales y estuviera en otro planeta, me encantaría encontrarme a un terrícola, fuera de donde fuera. Cuestión de perspectiva, como todo.
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