PUNTO DE VISTA - Un espacio para compartir opiniones.







lunes, 20 de julio de 2009

Solo algunos son felices y comen perdices.

Te consideras una persona feliz? ¿Cuanta gente feliz conoces? Hoy voy a hacer una reflexión sobre la búsqueda de la felicidad. No voy a hablar de por qué unos tenemos una vida más fácil que otros, sino sobre cómo es que personas con vidas y problemas similares, tienen percepciones, reacciones y actitudes diferentes.


Primero vamos a intentar definir lo que es la felicidad. Como concepto abstracto, puede tener una definición diferente para cada uno. Pero en cualquier caso, seguramente estaremos de acuerdo en que la felicidad es un sentimiento duradero de satisfacción y contento, que no se limita a un momento o causa específicos. Notar que menciono la palabra “duradero”. No estamos hablando aquí del momento de alegría, del subidón de adrenalina emocional. Hablamos de ese estado elusivo que inspira poemas, música o pintura, bien celebrando el éxtasis de haberlo alcanzado o bien lamentando el dolor que se siente cuando lo percibimos esquivo.


Ahora, piensa en la gente que conoces. Gente con problemas normales, que no vive grandes dramas ni situaciones extremas. ¿Quien crees que es feliz? ¿Quien crees que no lo es? Hay muchas estadísticas y artículos al respecto, incluyendo consideraciones como el pais donde se vive, la posición social o económica, la religiosidad, o aplicando la famosa teoría de la jerarquía de Marslow. Por resumir, la mayoría de las estadísticas llegan a la conclusión de que una vez que las necesidades básicas se cubren, aunque sea mínimamente, todos estos parámetros son irrelevantes. Han notado que el sentimiento de pertenencia a un grupo social, o tener algún tipo de creencia religiosa son a menudo un factor común en las personas que se consideran felices. También han llegado a la conclusión de que el dinero o el éxito material no son en absoluto un dato determinante. Aparte de esto, no se ha sacado ninguna conclusion. Yo creo que hay un poco de verdad en la mayoría de éstos artículos, pero hoy voy a compartir lo que yo he notado sobre las personas felices que conozco, al margen de todas estas consideraciones.


Probablemente lo más importante que yo veo es que las personas felices no se identifican con su vida o su situación. Esta es mi definición personal de libertad. No condicionan su felicidad a un factor externo. Son felices incluso si en un determinado momento se sienten tristes, contrariados o frustrados. Son básicamente felices aunque no no estén felices todo el tiempo. Esto me hace pensar que si es posible ser feliz y sentir un abanico diverso de emociones, muchas de ellas negativas, al mismo tiempo, la felicidad no es una respuesta emocional, sino un estado que se genera y desarrolla a un nivel más profundo. ¿Es la felicidad un estado del alma?


La mayoría de la gente se queda atrapada en la creencia de que hay ciertos requerimientos para que podamos ser felices. Su vida es una constante búsqueda de los pasos que consideran necesarios, como terminar una carrera, encontrar pareja, tener un buen trabajo, tener niños, o mejorar su aspecto físico, por poner ejemplos. Pero la verdad es que las personas felices lo son independientemente de su situación. No son los más ricos, sanos, guapos o triunfadores desde el punto de vista social, sino que son los más avanzados moral y espiritualmente. Esta puede ser la razón por lo que en circumstancias similares, unos son felices y otros no. La vida está en movimiento constante, y los problemas son parte de ella. Estar vivo es por definición ser vulnerable, correr riesgos, tener problemas, y encontrar situaciones que a veces catalogamos de positivas y otras que no. Si esperamos encontrar la felicidad cuando todo en nuestra vida está bajo control o como a nosotros nos gusta, estamos condenados a esperar en balde, a depender de la suerte o a vivir frustrados en una búsqueda baldía.


Por la misma razón, cuando les pregunto sobre ello, algunos me cuentan que la felicidad no es possible porque significaría dar la espalda a una realidad de sufrimiento en el mundo. ¿Como puede ser alguien feliz cuando hay tantas víctimas de violencia, injusticia, esclavitud, pobreza extrema, etc…? La respuesta no está en dar la espalda o negar esta realidad, sino en afrontarla como algo por lo que trabajar, un reto al que enfrentarse de una u otra manera. Es algo similar al amor incondicional. Cuando queremos a alguien no lo hacemos porque sea perfecto, sino a pesar de sus defectos; y no porque no los veamos, sino porque los aceptamos. Al hacer ésto, operamos desde un nivel de alma, no desde nuestra mente racional. Vamos a ver un poco más de cerca éste concepto, lo que se entiende por vivir desde el espíritu.


Los humanos somos seres multidimensionales. Al margen de creencias religiosas, estaremos de acuerdo en describir al ser humano como un ser multidimensional complejo, con un cuerpo físico, una mente o cuerpo mental, emociones o cuerpo emocional, y alma, o cuerpo espiritual. Los tres últimos cuerpos son de naturaleza sutil. Normalmente, en el día a día, en diferentes momentos operamos desde una u otra de estas dimensiones. Las necesidades del cuerpo físico determinarán nuestros actos muchos momentos, así como lo que pensamos o lo que sentimos lo harán otras veces. No hay nada malo en ello, excepto cuando hay un desequilibrio y nos centramos en demasía en uno de estos aspectos. Por ejemplo, cuando el cuerpo físico es el que está al cargo la mayoría del tiempo, vemos individuos con adicciones (alcohol, comida, sexo, drogas…) En estos casos, el placer físico es el protagonista y el leitmotif del dia a dia, sin dejar espacio par nada más, inhibiendo o ignorando los otros aspectos (emocional, mental y espiritual). Cuando es la mente la que capitanea en extremo, ignorando emociones y las necesidades del cuerpo físico, tenemos algunos de los adictos al trabajo que conocemos, o personas con problemas para mantener relaciones afectivas duraderas. Operar demasiado desde nuestro cuerpo emocional, produce personas inestables que centran su vida en cómo se sienten en cada momento, supeditando todo lo demás a una tiranía emocional que no les deja tomar control real de su vida. Evidentemente necesitamos un equilibrio entre todos los aspectos o dimensiones que conforman un ser humano. Las personas sanas poseen este equilibrio, en el que todos nuestros cuerpos cumplen su rol y a su vez están satisfechos y realizados. Pero ¿cual es la función del cuerpo espiritual, alma, angel solar, esencia, o cualquiera que sea el nombre que nos resulte cómodo utilizar?


El alma lleva el patron de la encarnación, la matriz de nuestro propósito en la vida. Nuestra esencia, a diferencia de nuestra personalidad, es nuestro yo auténtico, quien realmente somos. Todos los demás cuerpos de los que hemos hablado, son vehículos y herramientas útiles para completar nuestro nuestro viaje en la tierra. Están subordinados al alma, que es el punto donde reside la guía para nuestra vida. Desde este punto de vista, la felicidad no es una meta a alcanzar, sino una forma de medir si alcanzamos nuestras auténticas metas. Cuando hay un balance y vamos siguiendo el patrón de nuestra vida, somos felices. Cuando no hay un balance, o nos separamos de nuestro proyecto álmico, sentimos infelicidad, dolor o vacío. Estos sentimientos son una señal de que estamos ignorando nuestra esencia. Evidentemente no lo hacemos a propósito, sino prestando atención a otros aspectos, y viviendo desde estos otros aspectos. Como diría mi madre, algunos viven como cencerros, mirando al suelo para buscar una brizna de comida que llevarse a la boca, y totalmente ignorantes de la vida que se desarrolla alrededor suyo.


Para algunos, seguir su esencia es un proceso natural. No necesitan ser conscientes de ello; son naturalmente felices y no necesitan observar y entender este proceso. Para otros, como yo, es un camino de descubrimiento, un viaje que se vuelve consciente en un momento dado. Independientemente de como sea la jornada, la búsqueda de la felicidad es realmente la búsqueda del sentido de nuestra vida, ya que es nuestro estado natural. Como tal, resulta un buen baremo de cuando necesitamos cambiar de dirección, o cuando necesitamos confirmación sobre nuestro camino.


Yo pienso que después de éstas consideraciones, la felicidad ya empieza a verse más accessible. Primero, necesitamos entender que es una elección, un derecho y un estado natural. Nuestro sistema de creencias determina nuestra realidad, así que el primer paso es observar este sistema de creencias, y cuestionar las que no nos resultan útiles, o los que resultan un obstáculo para que alcancemos una vida más plena.


El Segundo paso es ser consciente de nuestra naturaleza espiritual. Esto se llama despertar; utilizando palabras de J.K. Rowling, la madre de Harry, viene a ser la diferencia entre los muggles y los magos. O como diría Quino, el papa de Mafalda, es la diferencia entre nosotros viviendo nuestra vida, o la vida llevándonos por donde quiere. Para mi, la cosciencia es la diferencia entre sentirse vivo y feliz, con poder para crear nuestro destino, o simplemente sobrevivir en un mundo muchas veces hostil. Ser consciente de nuestra naturaleza espiritual significa saber sin lugar a dudas de que somos espíritus eternos en forma física temporal.


El tercer paso es aprender a ser testigos de nuestros sentimientos, pensamientos y reacciones; notar lo que es importante para nosotros y lo que no, lo que está en sintonía con nuestro propósito. Requiere que seamos brutalmente honestos con nosotros mismos, para poder reconocer cuando actuamos por costumbre, siguiendo patrones de comportamiento viejos determinados por tradiciones, por nuestro ego, o por hacer lo que se espera de nosotros. Podemos notar también en qué puntos nos sentimos atrapados y sin capacidad para producir cambios positivos en nuestra vida.


Una vez aquí, solo tenemos que hacer elecciones que sean consecuentes con nuestras necesidades reales. Esas elecciones van a dar forma a nuestras relaciones, trabajos, apariencia física, y, en definitiva, a nuestra vida. Mientras tanto, la forma en la que lidiemos con los obstáculos del camino, determinará nuestro crecimiento.


En resumen, la felicidad no es un objetivo egoista a conquistar, sino un derecho de nacimiento y un estado natural, que tiene el propósito de servir de guía para evaluar y medir como estamos viviendo nuestra vida. Estar totalmente presentes, desarrollar nuestra consciencia y aprender como ser testigo de nuestros procesos interiores, son buenas formas de encontrar la felicidad. Mirándolo bien, ¿no es mucha suerte que el proceso de control de nuestra calidad de vida sea a través del placer?


Escrito por Helena Aramendia (09). Permitida la reproducción total o parcial, siempre que se citen el autor y el sitio.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Se ha producido un error en este gadget.