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viernes, 31 de julio de 2009

¿Quien es responsable de nuestra salud?

Vamos a poner encima de la mesa el factor más importante en cualquier plan nacional de salud, el factor del que los gobernantes nunca hablan, el que se escapa en todas las discusiones y planes: el paciente. El mejor plan de salud es el que implica al paciente, pero no solo como alguien con derecho a recibir una atención sanitaria adecuada, sino sobre todo, como el primer responsable de su salud.


Los paises desarrollados tienen un modelo de sanidad con el que asegurar la atención médica de la población. Curiosamente, exceptuando algunos paises del norte de Europa, casi nadie está contento. Si la sanidad es privada, lo normal es que haya desigualdades entre la población, y un número grande de personas se quede sin el servicio adecuado. Si es pública, la cobertura es universal, pero suele haber un problema de saturación de servicios. A veces, además, la calidad está por debajo de una atención optima por razones económicas.


La solución no radica en una discussion política sobre la idoneidad de un modelo u otro. La solución está en cada uno de nosotros. Los centros primarios de salud están saturados porque no nos cuidamos. Adoptamos estilos de vida que nos enferman, pero nos amparamos en que hay costumbres de vida generalizadas, para esconder la cabeza. No queremos asumir que esto conlleva unas consecuencias. Luego vamos al medico con la actitud infantil del que espera que le saquen las castañas del fuego sin sentir ninguna culpa por ello. Enfermedades coronarias, obesidad, hipertensión, diabetes, son algunas de las causas más habituales de consultas, y también algunas de las más evitables. Hacemos poco ejercicio, comemos mal, abusamos de muchas substancias que no son saludables, y ni siquiera somos conscientes, porque hay una masa, una mayoría que lo hace, con lo cual la tolerancia es total, y hemos perdido la noción de lo que representa llevar una vida sana.


La primera y más importante relación que desarrollamos es la relación con nuestro propio cuerpo físico. Es el soporte en el que vivimos, a través del cual interactuamos con nuestro entorno. Es el que nos permite comunicarnos, percibir la vida como la conocemos. Es importante cuidarlo. No soy de las que piensa que es necesario ser el más sano del cementerio, pero sí que hay que disfrutar de todas las edades de la vida, incluida la vejez, y la mejor forma de hacerlo es con un cuerpo que sea guerrero pero que no de guerra. Los beneficios son muchos y todos los conocemos, incluyendo el económico. Pero no es misión del médico mantenernos así, es nuestra responsabilidad. Muchas veces, a pesar de habernos cuidado bien, podemos padecer traumas o enfermedades. Bienvenidos los medicos, los sanadores y las medicinas entonces. Pero estoy segura de que se puede reducir en más de la mitad el uso de recursos medicos, simplemente siguiendo estas pautas: Comer bien, descansar lo suficiente, hacer ejercicio y ser feliz. Vamos a ver más de cerca algunos de estos factores.


1.- Comer bien. Casi todos sabemos lo que quiere decir comer bien. No significa comer caro ni comer excesivamente. Significa comer sano. Cantidades suficientes pero moderadas, productos frescos, y variedad de alimentos. Fruta, verdura, legumbres, cereales y pasta integrals, arroz, y para el que quiera, cantidades no muy grandes de proteinas animales. Todo esto en función de la edad y el estilo de vida, que hará variar estas necesidades. Moderar el consumo de dulces y grasas saturadas (bolleria industrial, carnes grasas, leche entera, queso, mantequilla). Reducir al mínimo o eliminar el consumo de alimentos precocinados, enlatados y procesados. A los comodones que se estén echando las manos a la cabeza, les recuerdo que hay congeladores, donde uno puede guardar lo que ha guisado en casa. Vale la pena también explorar la posibilidad de crear una actividad social nueva: compartir las viandas. Entre amigos, familia o compañeros de trabajo, si uno cocina el lunes, otro el martes, y así sucesivamente, y todos comparten. Es divertido, práctico, y se crean lazos afectivos. Seguro que, cada uno en su situación, puede ser creativo y buscar soluciones prácticas a la falta de tiempo para prepararse un plato nutritivo.


Mis lectores habituales sabeis que normalmente en los temas que trato, considero el aspecto energético. En este caso, los alimentos tienen que ser capaces de sostener la vida. Cuanto más denso es un producto, más procesado, modificado, cocinado, o más viejo desde su recolección, es menos capaz de sostener vida, es menos “nutritivo” (energéticamente hablando). Muchas veces, la insatisfacción que sentimos despues de comer, se debe a que aunque el estómago tenga sensación de saciedad, no estamos bien nutridos, con lo que el cuerpo sigue mandando señales de carencia. Los productos frescos, frutas y verduras crudas, granos, incluso animals criados y sacrificados en determinadas condiciones (para los que no sean vegetarianos) son buenos también energéticamente, y son capaces de nutrirnos y sostener la vida.


La tercera consideración en cuanto a la nutrición es el uso de productos orgánicos o biológocos. A mí me parece que en muchos casos el uso de estos productos no está justificado (o no del todo) y es más un gasto extra que una inversion en salud. Es el caso de los productos de higiene orgánicos, las latas de productos orgánicos, los dulces y las margarinas orgánicas, y en general, los productos que sean biológicos o no, no son los más adecuados. Pero hay algunos alimentos que considero importantísimo que sean orgánicos: Los huevos, la leche y sus derivados, la fruta que se come sin pelar, la verdura que se come cruda o de la que se come la parte expuesta a productos químicos a través de su superficie, y sobre todo la carne. Los animales que provienen de cria industrial han sido sometidos a tratamientos hormonales y antibióticos, entre otros, en cantidades importantes. Esos productos terminan en nuestro cuerpo cuando nos los comememos. Energéticamente, el estres, el miedo y el sufrimiento al que se les somete durante toda su vida, y las condiciones insalubres en las que viven, conllevan una tasa vibratoria muy baja. Esta vibración baja no solo no es capaz de sostener vida, sino que además actúa como un lastre en nuestra tasa vibratoria. Son simples matemáticas. Al cabo del día ingerimos productos con diferente nivel vibratorio. Cuanto más alto sea el resultado total, mas fácil sera para nosotros mantener una vibración alta. Esto se traduce en un mejor funcionamiento del cuerpo.


2.- Ejercicio físico. No voy a extenderme hablando sobre las ventajas del ejercicio, porque todos las conocemos. Simplemente, voy a recordar dos hechos. El primero es que el cuerpo humano está diseñado para ser superior físicamente a la mayoría de animales, a los que tuvimos que cazar para sobrevivir hace millones de años. No está diseñado para estar sentado doce horas. Si nuestra vida nos hace ser tan sedentarios, tenemos que buscar la manera de compensar este hecho, y encontrar tiempo y espacio para hacer ejercicio con frecuencia. Esto es una prioridad, tanto como comer, dormir, lavarnos o ir al baño. No hay excusas para no hacerlo. Si no eres deportista profesional o no tienes un trabajo que requiere bastante actividad física, tienes que encontrar alguna forma de hacer ejercicio regularmente. En caso contrario, no te estás haciendo responsable de tu salud.


En Segundo hecho, es que hacer ejercicio es beneficioso también a nivel energético. Muchos de los bloqueos, o de la energía estancada que a veces tenemos en nuestros chakras o en otras partes del campo energético humano, se podrían mejorar haciendo ejercicio. Unos ejercicios son mejores que otros desde este punto de vista, pero en general, al movernos y al respirar mejor, se produce una expansión del aura. El beneficio más evidente proviene de la intención que ponemos en cuidarnos, y del placer de dar a nuestro cuerpo lo que necesita. Como siempre, el ser consciente de lo que estamos haciendo es lo que multiplica el beneficio y los resultados de nuestras acciones.


3.- Ser feliz. Como sanadora, veo cada dia que la mayoría de las enfermedades y de los problemas físicos son consecuencia de situaciones no resueltas en los cuerpos emocional o mental. Las preocupaciones, el sufrimiento, el no ser capaz de amar lo suficiente, la falta de consciencia de quienes somos, el no realizarnos como seres humanos, el no seguir nuestro propósito en la vida, la incapacidad de perdonar, todo esto son algunas de las razones por las que enfermamos. No siempre son evitables, pero con una buena formación, entrenamiento y un poco de guía, muchísimas sí pueden evitarse o solventarse antes de que degeneren en una enfermedad. Es nuestra responsabilidad aceptar este hecho y tomar las medidas oportunas. Y cuando tengamos que acudir a un terapeuta, es muy importante recordar que lo mejor es crear un equipo formado por el medico de cabecera, el especialista que fuera necesario, y un sanador que colabore en el proceso de sanación, facilitándolo y complementándolo.


En algunos paises europeos, se están tomando medidas para implicar más a los pacientes. Por ejemplo, los fumadores tienen que pagar más por su seguro medico. Algunas personas obesas deben rebajar cierta cantidad de peso antes de poder someterse a determinadas operaciones que no son de urgencia. Pienso que si no nos concienciamos de que nos enfermamos porque no nos cuidamos, llegará un momento que este tipo de medidas se van a generalizar. Personalmente, creo que si empezamos a cambiar y educamos a nuestros hijos para que desarrollen hábitos sanos desde el principio, podemos conseguir que la próxima generación sea más sana y haga mejor uso de los recursos medicos.


En resumen, somos los responsables de nuestra salud, haciendo hincapié en la prevención y centrándonos en llevar una vida sana. Los gobiernos están para facilitarnos los medios adecuados y los terapeutas para colaborar con nosotros cuando sea necesario. Pero nuestra salud está en nuestras manos, no en la de ellos. Hablar de responsabilidad no significa hablar de culpa. Ser responsible de algo significa ser consciente de lo que se puede hacer, y hacerlo. No hay excusas. Casi todos sabemos lo que es bueno y lo que no, y el que no lo sepa tiene infinidad de recursos para formarse e informarse. Tener la culpa es: o bien no haberse dado cuenta por ignorancia o desidia, o bien ser consciente y no hacer nada al respecto. Y tú, honestamente, a qué grupo perteneces?


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