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viernes, 14 de agosto de 2009

Cómo dejar de preocuparse.

No se si es por la vuelta de las vacaciones, o es simplemente coincidencia, pero estoy notando que muchas personas de mi entorno parecen estar más estresadas o o más preocupadas de lo habitual. Y noto también que aunque sus problemas son muy diferentes, tienen algo en común.


Creo que fue Mark Twain el que dijo “han habido muchos problemas en mi vida, la mayoria de los cuales nunca sucedieron”. Efectivamente, si nos paramos a pensar fria y detenidamente, muchas de las preocupaciones que tenemos se parecen entre sí en el hecho de que no son reales. Son situaciones problemáticas potenciales, que posiblemente no lleguen a producirse. Son miedos que nos creamos cuando pensamos de manera negativa en lo que podría pasar. Hacemos un mundo de lo que alguien ha comentado, de un gesto, de un hecho más o menos relevante pero que no encaja con nuestras espectativas. Si se trata de tomar decisiones difíciles, tenemos en cuenta factores que nos distraen del meollo, del propósito final de nuestra decisión.


Soy consciente de que en la vida ocurren hechos que nos crean sufrimiento y hay momentos duros que tenemos que afrontar. No es mi intención ser insensible con nadie que esté pasando un momento así, pero para el resto, la mayoría de nosotros, podemos revisar si realmente vale la pena preocuparse tanto. La respuesta es no. El consejo más importante es el más difícil de seguir: estar tranquilo y ocuparse en lugar de preocuparse. Como mi querida amiga Ana suele decir “¿a qué botón hay que darle?” Soy consciente de que cuando aconsejo a mis clientes estar tranquilos, dejar de darle vueltas al problema, relajarse, todos me miran con cara de pensar exactamente eso, a qué botón hay que darle, como si fuera tan fácil hacerlo. Como si hubiera dicho una pelotudez. Y mi respuesta es normalmente la siguiente: preocuparse es un reflejo, una reacción automática aprendida durante años de práctica. Tranquilizarse es una opción; es lo que uno elige hacer cuando finalmente se da cuenta de que es posible hacerlo. Y sí; se puede. De hecho, es más fácil hacerlo que pensarlo; como casi todo, es cuestión de ponerse a ello. Y vamos a hacerlo en tres pasos.


Primero. Lo primero que hay que hacer es tomar la decisión de tranquilizarse. Se puede. Cuando decimos que no podemos, simplemente estamos poniendo una resistencia. No quiero decir pensar en ello, sino tomar la decisión. Y no como el que decide que el mes que viene empezará a hacer ejercicio, sino como el que deja lo que está haciendo, sale de casa y empieza por caminar una hora en ese mismo momento. Si no tomamos esta decisión, significa que estamos enganchados a la adrenalina del sufrimiento o del problema. De todos es sabido que el sufrimiento engancha. Bien, cada uno se engancha a lo que quiere, pero por lo menos en este punto podemos ser conscientes de que estamos enganchados y no queremos explorar otras vias.


Segundo.Una vez que hemos tomado la decisión, lo siguiente es relajar el cuerpo físico. Vivimos dentro de un soporte hecho de células que padece normalmente más tension y estrés del que debería. Hay que parar un momento, y notar dónde acumulamos tension, cómo nos sentimos físicamente. En éste punto la tentación es volver a pensar en lo que nos preocupa. El éxito en encontrar el botón que hay que apretar, radica en no sucumbir a esa tentación. Dejamos “la preocupación” aparcada unos minutos más, y seguimos centrados en nosotros. Al notar toda la tension acumulada, puede que te sientas sensible, enfadado, cansado, o desbordado con cualquier otra emoción. Es parte del proceso y significa que lo estás haciendo bien. Haz lo que necesites, bien sea llorar, descansar, masajear las zonas más tensas, o cualquier otra respuesta física o emocional. Entonces vendrá la relajación física. Encuentra una postura cómoda, y observa que tu respiración sea tranquila durante unos pocos minutos; que no haya crispación ni tension en tus músculos, y si la hay, que por el momento puedas percibirla y aceptarla como es, hasta que puedas hacer algo más al respecto.


Tercero.Los que estais pensando que el siguiente punto es que nos pongamos a meditar, no habeis acertado. Sería estupendo, y para el que tenga costumbre de meditar, esta es una buena occasion; pero también sería como decir que el camino para encontrar las cosas buenas de la vida es solo de los que meditan. Al contrario, pretendo evitar doctrinas y simplificar el camino, y pienso que todos podemos preocuparnos menos y ser más felices, tanto los que meditan como los que no. Así que el siguiente paso es recordar una serie de hechos que por el hecho de ser ciertos, elevan nuestra vibración cuando los recordamos y nos regodeamos en ellos. Por ejemplo:


1.- Estoy vivo (a) y me siento feliz por ello.


2.- Me siento agradecid@ por ______________________ (pon aquí todo lo que quieras, y siente ese agradecimiento)(toma todo el tiempo que necesites y disfruta cada segundo).


3.- Quiero mucho a ___________________________ (familia, amigos, pareja, incluso mascotas tienen cabida en ésta línea. Que no se nos olvide ponernos a nosotros también)(de nuevo tómate tu tiempo y disfruta).


4.- No puedo cambiar al mundo pero sí puedo cambiar yo.


5.- No puedo elegir lo que me pasa pero puedo elegir como reacciono ante ello.


6.- Las experiencias sirven para crecer, aprender y mejorar.


7.- Los problemas no pueden resolverse en el mismo marco en el que se han creado, así que lo puedo ver todo más claro cuando lo miro desde una prespectiva diferente.


Para los que tienen creencias espirituales o religiosas, hay un número 8.


8.- Estoy abierta@ a recibir la ayuda y la guia de __________________ (esta es la línea para tus ángeles, guias, maestros, o divinidades dependiendo de tus creencias) para mi mayor bien y el de todos.


(nota importante: si tenemos problemas con alguno de los puntos anteriores, entonces SI tenemos problemas, así que nos podemos olvidar de lo que nos preocupaba antes.)


Ya está. Ya hemos apretado el botón. Si somos capaces de sentir todos los puntos anteriores (no solo de leerlos) estamos en mejores condiciones de enfrentarnos a las situaciones que se nos presentan. La razón radica en que éstos pasos son ejemplos de acciones que nos llevan a aumentar nuestra vibración, a equilibrar el funcionamiento de nuestros chakras que son las puertas por las que metabolizamos la energía de nuestro alrededor. Cuando ésto ocurre, es más fácil acceder a recursos más creativos, soluciones más innovadoras e ideas más practices para enfrentarmos al dia a dia. Somos más capaces de diferenciar un problema real de una preocupación innecesaria, y actuar en consecuencia. Desde este estado mental y emocional, podemos dejar de preocuparnos por lo que no tiene solución, y ocuparnos de una forma práctica por lo que sí la tiene. Y respecto a lo que nos hace sufrir, también estaremos en mejores condiciones para rechazar el sufrimiento que no nos pertenece y superar el que no podemos evitar.


Espero que ésta pequeña guía simplificada os resulte útil. Por supuesto, siempre nos queda la opción de llamar a un amig@ para que nos ayude. Tanto si sois los usuarios directos como si sois los amigos encargados de recordar el camino, me encantaría que me escribierais para contarme si os ha resultado útil o no.


Helena Aramendia. Permitida la reproducción total o parcial siempre que se mencionen el autor y la fuente.

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