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lunes, 9 de noviembre de 2009

Admiro la falta de odio.

Yoani Sanchez es una blogger cubana que se atreve a levantar la voz por encima del rasero de la desinformación y el silencio. No es un secreto ni una novedad que en algunos países hay una falta de libertades básicas, como la de expresión. Tampoco es nuevo que haya rebeldes que se opongan a ello, y que se atrevan a poner voz al sentimiento de injusticia e impotencia. Lo que suele ocurrir en estos casos, es lo que les ha pasado recientemente a Yoani y otros tres amigos cuando se dirigían a una manifestación contra la violencia. Los secuestraron impunemente y les dieron una paliza.

Desafortunadamente, no son los primeros ni los únicos. Siempre me admiro y me asombro por la valentía de personas así, que no dudan en seguir adelante con lo que su conciencia les dicta, a pesar de las injustas pero previsibles consecuencias. Pero no es ésto lo que me asombra más, ni de lo que quiero hablar hoy. Lo que más admiro de muchas de éstas personas es la falta de odio. Yo aborrezco la violencia más que ninguna otra cosa en el mundo, con pasión y sin reserva. Pero si la hubiera padecido en mis propias carnes o en las de alguien muy cercano a mi, no se si hubiera podido evitar caer en una espiral de odio, de sed de venganza, de furia mejor o (seguramente) peor contenida.

Como terapeuta energética, mi punto de vista ante muchas cuestiones se basa en que somos básicamente energía. Soy consciente de la importancia de mantenernos centrados y no dejarnos llevar por aquello contra lo que luchamos. No se puede apagar un fuego con más fuego, y alimentar sentimientos negativos alimenta aquello que tratamos de combatir. Es una cuestión vibracional, y como tal, lo inteligente y efectivo es favorecer lo que queremos implementar, en lugar de luchar contra lo que no queremos. La teoría es sencilla. Ante la falta de luz, no luchamos contra la oscuridad sino que encendemos una bombilla. Ante el frio, encendemos un fuego. Ante la violencia, nos mantenemos centrados en una actitud pacifista. Pero hay que ser muy fuerte y muy valiente para vivir la teoría y mantener una actitud no belicosa ante tamaña provocación. Cuando los músculos duelen, las emociones se resienten y el entorno se percibe hostil al justificar las agresiones, solo un espíritu fuerte y centrado se mantiene fuera de la onda expansiva del odio. Mi admiración por ello. Yo no se si sería capaz.

http://www.desdecuba.com/generaciony/

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