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martes, 10 de noviembre de 2009

Imprevistos.

Hoy me viene a la mente una historia que leí hace algún tiempo. En un lejano país, un sultán decidió poner en sus aposentos la imagen que mejor definiera la paz. Varios de sus ayudantes recorrieron el país durante meses tratando de encontrarla. Finalmente, le presentaron dos cuadros. Uno reflejaba un paisaje ciertamente tranquilo; bucólico, lleno de armonía. Un prado con flores, cielo azul y un riachuelo que lo cruzaba como rayo de plata cantarín. El segundo, sin embargo, era una inmensa cascada. El agua bramaba, chocando contra las rocas. Se adivinaba un ruido ensordecedor, y una explosión constante al estrellarse el agua velozmente. Aunque hermoso, ciertamente no parecía evocar paz y tranquilidad. Sorprendentemente, el sabio sultán eligió éste cuadro. Los que estaban con él, lo entendieron cuando lo vieron sonreír mirando un pequeño detalle en la pintura. Justo detrás de la cascada se veían dos pajaritos en un nido, ajenos al tumulto del agua. Ciertamente es muy fácil estar centrado y feliz cuando todo va bien, pero es otro cantar cuando las cosas a nuestro alrededor se empeñan en hacernos el día difícil.

Todo esto viene cuento de que estoy sin coche, y en USA eso es un problema. Hace tres dias, cuando estaba fuera de casa con mi hijo, perdí una hora intentando que funcionara. Finalmente fue capaz de traernos a casa, pero antes de ayer decidió que no andaba más. Así que cogí prestado el de mi marido, pero ayer se pinchó una rueda. 3 dias 3 problemas. Como es un coche pequeño no lleva repuesto, con lo que (menos mal o hubiera tenido que cambiarla yo, y me estoy haciendo mayor para esos trotes) hoy tengo que perder toda la mañana en esperar al vehículo que nos lleve a los dos al concesionario, ayer perdí un par de horas hasta que por fin nos trajeron a casa, he tenido que cancelar una comida con una amiga a la que no veo hace meses y dos sesiones con dos clientes. Por supuesto estas cosas no son realmente importantes en la vida, y podría ser muchísimo peor. Pero esto no quita para que sean muy incómodas y un test para la paciencia.

Ahora viene lo interesante para mí. Por supuesto que mi primera reacción durante años hubiera sido levantar las manos al cielo y clamar como tremenda víctima lo ridículo de la situación, lo inconveniente, y muchas palabras más feas que por educación no pongo por escrito. Después culpar a alguien (a mí no, desde luego, faltaba más) desde mi marido que no estaba en casa para encargarse de todo, a los fabricantes, o a los que han dejado caer algo a la carretera que debe haberse incrustado en la goma... no se, alguien tiene que tener la culpa, no?

Pues no, he conseguido no hacer nada de eso. Me he aplicado el cuento y he recordado todo lo que les aconsejo a mis clientes. Me he sentado, he hecho unas respiraciones profundas, y he visto que tengo una opción respecto a lo que hay que hacer, y dos opciones respecto a mi actitud. Puedo hacerlo de mal humor y maldiciendo, o puedo tomármelo simplemente como un cambio de plan. He decidido que esta opción es mejor para todos. A ver lo que me dura esta disposición tan buena. De momento llevan media hora de retraso y sigo aquí, esperando la grúa salvadora. Ya os contaré como acabo, y cuanto me falta todavía para "iluminarme".

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